¿Cuánto ejercicio deberíamos indicar para reducir la mortalidad?

La actividad física mostró reducir la mortalidad de una manera dosis/respuesta similar a la de cualquier fármaco. Pero muchos se hacen varias preguntas: ¿hay un mínimo indispensable de ejercicio para obtener beneficios?, ¿hay dosis “toxicas de ejercicio”? y finalmente, ¿el ejercicio beneficia a todos por igual?

Programas de ejercicios en la enfermedad vascular periférica

Este trabajo -encabezado por el Dr Sang-Woo Jeong del Departamento de Medicina Cardiovascular de la Universidad Nacional de Seúl y publicado en la European Heart Journal– responde todas estas preguntas.

Las guías actuales recomiendan entre 500 y 1000 unidades metabólicas (METS)/minuto/semana de actividad física regular. Esto equivale a decirles a nuestros pacientes que pueden tomar 20 gr de alcohol absoluto por día. Los pacientes se nos quedan mirando sin entender algo que nosotros tampoco entendemos del todo. Ellos quieren saber cuántos vasos de cerveza, copas de vino o medidas de whisky pueden tomar. Con el ejercicio es lo mismo.


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La actividad física suave (caminar despacio o en forma pausada) equivale a 2.9 Mets, la actividad física moderada (caminar rápido, andar en bicicleta suave o jugar tenis doble) equivale a 4 Mets y la actividad física intensa (correr, andar en bicicleta a más de 15 km/h, caminar rápido en subida o participar en una clase aeróbica) equivale a 7 Mets.

Luego de conocer el valor de los Mets, hay que multiplicarlo por los minutos por día y por la cantidad de días a la semana que el paciente realiza la actividad (ej: caminar rápido durante 40 minutos unas 4 veces por semana equivale a unos 640 Mets/minuto/semana). Ser completamente sedentario equivale a 0 Mets/minuto/semana.

Este trabajo incluyó 131.558 individuos con enfermedad cardiovascular y 310.240 individuos sin enfermedad cardiovascular conocida seguidos por una media de 5.9 años con muerte de cualquier causa como end point.


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Se observó una relación inversamente proporcional entre el grado de actividad física y la mortalidad en ambas poblaciones. Sin embargo, aquellos con antecedente de enfermedad cardiovascular se beneficiaron muchísimo más con el mismo grado de ejercicio que los individuos sin antecedentes de enfermedad. Por cada 500 Mets/min/semana de actividad física se observó una reducción del 14% de la mortalidad en aquellos con antecedentes de enfermedad cardiovascular vs el 7% en aquellos sin enfermedad (p<0.001). En otras palabras, el ejercicio en el contexto de prevención secundaria tiene el doble de beneficio que en prevención primaria.

Para aquellos sin antecedentes de enfermedad cardiovascular una “dosis” de ejercicio de entre 1 y 500 Mets/minuto/semana parece suficiente, pero los individuos con enfermedad cardiovascular se continúan beneficiando de 500 e incluso 1000 o más Mets/minuto/semana.

La mortalidad ajustada para aquellos con enfermedad cardiovascular que realizan mucha actividad física (>1000 Mets/minuto/semana) es comparable e incluso más baja que la del grupo sin antecedentes cardiovasculares. Este trabajo nos dice que el hecho de haber padecido un infarto agudo de miocardio con su consiguiente pronóstico puede ser anulado realizando ejercicio. La desmesurada costo/efectividad del ejercicio hace que sea un tema obligado en todas nuestras consultas cardiológicas.

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Título original: Mortality reduction with physical activity in patients with and without cardiovascular disease.

Referencia: Sang-Woo Jeong et al. European Heart Journal (2019) 40, 3547–3555.


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