La válvula aórtica bicúspide (BAV) representa un desafío anatómico para el reemplazo valvular aórtico transcatéter (TAVI), debido a la frecuente presencia de anillos elípticos, rafe fibrocálcico y calcificación extensa del aparato valvular y del tracto de salida del ventrículo izquierdo, factores que pueden dificultar el sizing, el despliegue y el sellado protésico. Dado que estos pacientes fueron excluidos de la mayoría de los ensayos aleatorizados, la evidencia disponible sobre sus resultados continúa en desarrollo.
En este contexto, los autores analizaron retrospectivamente una cohorte contemporánea, con especial énfasis en dos características anatómicas consideradas de alto riesgo y que constituyen el eje del trabajo: la presencia de rafe calcificado y el exceso de calcio valvular, ambos evaluados por tomografía.
El estudio incluyó 110 pacientes con estenosis aórtica severa y válvula bicúspide confirmada por tomografía, tratados con TAVR entre 2012 y 2023. La edad media fue de 75,3±8,4 años y el puntaje STS promedio de 2,7±2,4%, correspondiente a una población predominantemente de riesgo intermedio-bajo. La morfología Sievers tipo 1 fue la más frecuente, presente en 100 pacientes (90,9%). El 66% presentaba calcificación del rafe y el 50% exceso de calcificación valvular. En el análisis por subgrupos, 20 pacientes (20%) no presentaban ninguno de estos factores anatómicos de alto riesgo, 44 (44%) presentaban uno y 36 (36%) ambos. El índice medio de elipticidad del anillo fue de 0,81±0,08. Se utilizaron válvulas supraanulares autoexpandibles en 73 pacientes (66,4%) y válvulas balón-expandibles en 37 (33,6%).
TAVI en válvula aórtica bicúspide: impacto del rafe calcificado y la carga de calcio en los resultados clínicos
En relación con los resultados del procedimiento, la fuga paravalvular leve se observó en el 30% de los pacientes sin factores de alto riesgo, en el 26,7% de aquellos con un factor y en el 29,4% de quienes presentaban ambos; la fuga leve a moderada ocurrió en un paciente por grupo.
No se registraron casos de fuga moderada o severa, ruptura anular, disección aórtica ni conversión a cirugía. El trabajo no informa tasas de implante de marcapasos permanente ni la incidencia de trastornos de conducción como variables reportadas.
Durante el seguimiento, no se observaron diferencias significativas en la mortalidad global a 4 años entre los grupos según morfología o carga de calcio, y la presencia de rafe calcificado y/o exceso de calcio valvular no se asoció de manera independiente con mayor mortalidad en el análisis ajustado.
Se observó, de forma no significativa, una tendencia a mayor supervivencia en los pacientes con ambos factores (88,3%) en comparación con aquellos con uno (80,2%) o ninguno (81,6%), hallazgo que los autores atribuyen a posibles sesgos de selección, a una planificación más meticulosa y a diferencias en el tipo de válvula utilizada.
Conclusión: Seguridad y mortalidad a mediano plazo del TAVR en pacientes con anatomía bicúspide de alto riesgo
En conclusión, en esta cohorte contemporánea, la selección cuidadosa de los pacientes y la planificación basada en tomografía permitieron realizar TAVR de manera segura y eficaz en pacientes con válvula aórtica bicúspide, con resultados clínicos favorables a mediano plazo incluso en presencia de características anatómicas consideradas de alto riesgo, sin incremento significativo de la mortalidad ni de complicaciones mayores.
Título Original: Can TAVR Be Safely Performed in Patients With Bicuspid Aortic Valve Morphology?
Referencia: Chloe Kharsa, MD, MSc, Min-Fang Chao, MD, Gal Sella, MD, Mangesh Kritya, MD, Sahar Samimi, MD, Su Min Chang, MD, Michael J. Reardon, MD, Joe Aoun, MD, Neal S. Kleiman, MD, and Sachin S. Goel, MD.
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