La estenosis aórtica es una patología en aumento asociada al envejecimiento poblacional, con una prevalencia cercana al 3,4% en mayores de 75 años y una proyección de triplicarse hacia 2060. El TAVI ha demostrado mejorar la sobrevida y los síntomas, expandiéndose desde pacientes inoperables o de alto riesgo hacia poblaciones de menor riesgo. Sin embargo, estos pacientes continúan siendo predominantemente añosos, frágiles y con múltiples comorbilidades, lo que condiciona limitaciones funcionales, deterioro de la calidad de vida y dificultades en la recuperación postprocedimiento.
En este contexto, la rehabilitación cardíaca (RC) emerge como un componente central de la prevención secundaria, con impacto demostrado en mortalidad, morbilidad, reinternaciones y capacidad funcional.
Desde el punto de vista fisiopatológico, el TAVI corrige la obstrucción valvular y mejora la hemodinamia, pero persisten alteraciones periféricas, musculares y funcionales propias de estos pacientes. La RC actúa sobre estos mecanismos mediante ejercicio aeróbico regular, mejorando la función endotelial, la capacidad ventilatoria y el metabolismo muscular, con aumento del VO₂ pico y de la capacidad funcional.
En términos de resultados clínicos, la participación en programas de RC se asocia con una reducción relativa del 61% en la mortalidad al año, una reducción absoluta del 4,2% y una disminución del 34% en el riesgo de reinternación. Además, mejora la calidad de vida, la capacidad de ejercicio y la funcionalidad global. Sin embargo, en la práctica real la adherencia es baja: solo el 39,8% de los pacientes en EE.UU. y el 12,4% en China acceden a programas de RC, lo que evidencia una brecha significativa entre la recomendación y la práctica.
La RC post-TAVI debe ser una intervención multimodal que integre cuatro pilares: ejercicio, soporte nutricional, apoyo psicológico y control de factores de riesgo. El ejercicio es el componente más estudiado, con programas que combinan entrenamiento aeróbico moderado, fuerza y equilibrio, realizados en sesiones de 30–45 minutos, 2–5 veces por semana durante 8–12 semanas. Habitualmente incluyen una fase inicial supervisada (primeras 6–8 semanas), seguida de entrenamiento domiciliario, con inicio precoz tras el procedimiento y progresión gradual según la tolerancia y el grado de fragilidad, logrando mejoras significativas en la capacidad funcional.
En cuanto a la nutrición, la desnutrición es altamente prevalente (hasta 60% según el índice utilizado) y se asocia a peor pronóstico; por ejemplo, en un estudio los pacientes desnutridos presentaron una mortalidad al año del 28% frente al 10% en aquellos con adecuado estado nutricional, lo que refleja su fuerte impacto pronóstico. En el plano psicológico, la prevalencia de ansiedad y depresión alcanza el 25–30%, asociándose también a peor evolución clínica. Finalmente, el control de factores de riesgo (tabaquismo, HTA, dislipemia, diabetes) es clave no solo para la prevención de eventos cardiovasculares, sino también para la durabilidad de la prótesis.
Un aspecto central es la fragilidad, presente en el 26–68% de los pacientes, que impacta directamente en la mortalidad y la discapacidad. La RC debe ser individualizada según el grado de fragilidad, iniciándose con baja intensidad y progresión lenta en los casos más severos. Asimismo, las complicaciones post-TAVI (bloqueos AV, necesidad de marcapasos, complicaciones vasculares, stroke, insuficiencia renal) obligan a adaptar el programa de rehabilitación de manera dinámica.
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El artículo destaca también el rol creciente de la rehabilitación digital, mediante dispositivos remotos y aplicaciones móviles que permiten el seguimiento y entrenamiento a distancia. Estas estrategias han demostrado resultados comparables a la rehabilitación tradicional y, en algunos estudios, una menor tasa de reinternaciones, lo que sugiere que pueden mejorar la adherencia y el acceso al tratamiento.
Rehabilitación cardíaca post-TAVI: impacto en mortalidad, reinternaciones y calidad de vida
La rehabilitación cardíaca post-TAVI es una intervención segura, efectiva y subutilizada, que mejora la capacidad funcional, la calidad de vida y reduce eventos clínicos. Su implementación debería ser sistemática y precoz, con un enfoque personalizado y multimodal que contemple la fragilidad, la nutrición, el estado psicológico y las comorbilidades. El futuro se orienta hacia programas más accesibles, digitalizados y basados en equipos multidisciplinarios, con necesidad de mayor evidencia de alta calidad para estandarizar protocolos.
Título Original: Cardiac rehabilitation for TAVR patients: mechanisms, current status, and future directions.
Referencia: Huan Duan, Chuan Zhang, Qi Zhang, Duan Chen, Ling Xue. Frontiers in Cardiovascular Medicine, volumen 12, artículo 1701764, 2025. DOI: 10.3389/fcvm.2025.1701764.
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