La angioplastia coronaria con balón liberador de droga (DCB) sin implante de stent se ha consolidado como una alternativa válida en diversos escenarios clínicos, particularmente en pacientes con alto riesgo hemorrágico o cuando se busca evitar un implante metálico permanente. Una de sus principales ventajas es la posibilidad de reducir la duración de la doble antiagregación plaquetaria (DAPT), aunque la seguridad de esquemas extremadamente cortos (≤30 días) continúa siendo motivo de debate.

El objetivo de este estudio fue evaluar si una estrategia de DAPT ≤30 días luego de una angioplastia con DCB, realizada tras una preparación óptima de la lesión, se asociaba con un incremento de los eventos cardiovasculares mayores al año.
El punto final primario fue la incidencia de MACE al año, definido como el compuesto de muerte cardiovascular, infarto de miocardio y revascularización de la lesión tratada (TLR). Se compararon pacientes tratados con DAPT corta (≤30 días) frente a aquellos que recibieron DAPT estándar (>30 días).
Se incluyeron 337 pacientes sometidos a angioplastia coronaria sin implante de stent con balón liberador de droga en el Kakogawa Central City Hospital (Hyogo, Japón), entre abril de 2021 y diciembre de 2024, tras excluir a aquellos que recibían anticoagulación oral. De ellos, 153 pacientes (45,2%) recibieron DAPT ≤30 días y 184 (54,8%) DAPT >30 días.
Todos los procedimientos fueron guiados por imagen intravascular (IVUS u OCT), y la estrategia sin stent solo se adoptó cuando se alcanzó una preparación óptima de la lesión, definida por flujo TIMI 3, estenosis residual ≤30% y ausencia de disección limitante del flujo.
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El esquema antiagregante consistió en aspirina 100 mg/día más prasugrel 3,75 mg/día, continuando posteriormente con monoterapia (aspirina o prasugrel, a criterio del operador) tras la suspensión de la DAPT. El grupo de DAPT corta presentó una mayor frecuencia de hemodiálisis (13,1% vs. 6,5%; p=0,04), menor concentración de hemoglobina (p=0,0008) y una utilización más frecuente de dispositivos de modificación de placa (aterectomía rotacional, orbital, direccional o láser) (73,9% vs. 50,0%; p<0,0001), mientras que el síndrome coronario agudo fue más frecuente en el grupo de DAPT estándar (41,3% vs. 29,4%; p=0,02).
Al año de seguimiento, el MACE ocurrió en el 5,9% de los pacientes con DAPT corta frente al 6,5% de aquellos con DAPT estándar (OR 0,90; IC95%: 0,37-2,19; p=0,81). Tampoco se observaron diferencias en la incidencia de TLR (5,2% vs. 5,4%), infarto de miocardio (0% en ambos grupos) ni muerte cardiovascular (0,7% vs. 1,1%). Tras el ajuste mediante propensity score, los resultados se mantuvieron consistentes, sin demostrarse una asociación entre una DAPT ≤30 días y un mayor riesgo de MACE al año. Asimismo, las curvas de Kaplan-Meier no evidenciaron diferencias entre ambas estrategias (log-rank p=0,78).
Conclusión: La DAPT ≤30 días tras angioplastia con DCB no incrementó los MACE al año
En pacientes sometidos a angioplastia coronaria con balón liberador de droga sin implante de stent y con una preparación óptima de la lesión, una estrategia de doble antiagregación ≤30 días no se asoció con un incremento de los eventos cardiovasculares mayores al año.





